El primer ministro griego, Kyriakos Mitsotakis, ha anunciado un aumento de alrededor del 4,5 % del salario mínimo mensual, que pasará a ser de 920 € brutos a partir del 1 de abril de 2026, lo que supone un incremento de 40 € respecto al nivel anterior de 880 €. El objetivo del Gobierno es alcanzar los 950 € en 2027.
Contexto socioeconómico
En términos generales, entre 2019 y 2026 el salario mínimo ha aumentado aproximadamente un 41 %, reflejando un esfuerzo sostenido del Gobierno por recuperar las pérdidas de la década anterior. A pesar de este crecimiento nominal, la elevada inflación, vinculada principalmente a la crisis energética y a las tensiones internacionales, ha seguido reduciendo de forma significativa el poder adquisitivo de los hogares.
Según los últimos datos de Eurostat publicados en febrero de 2026, la renta disponible media anual en Grecia en 2025 fue de 10.850 € per cápita.
Críticas y demandas
Según el primer ministro Mitsotakis, el aumento del salario mínimo se traduce en una ganancia anual de más de 3.780 € en comparación con 2019 para los trabajadores, y forma parte de un incremento más amplio de los ingresos laborales, con salarios medios de los empleados a tiempo completo que, según afirma el Gobierno, superan los 1.500 €.
Por el contrario, la General Confederation of Greek Workers (GSEE) considera que la medida es insuficiente para compensar la pérdida de poder adquisitivo provocada por el aumento de los precios de los bienes esenciales, la energía y la vivienda. El sindicato sostiene que, para garantizar un nivel de vida digno en 2026, el salario mínimo mensual bruto debería situarse al menos en 1.052 €.
Observaciones finales y evolución futura
El aumento del salario mínimo en Grecia representa una señal de recuperación económica tras años de crisis, pero sigue siendo objeto de debate entre el Gobierno y los interlocutores sociales. La evolución futura dependerá de la capacidad del país para equilibrar el crecimiento salarial, el control de la inflación y la sostenibilidad económica, en un contexto todavía marcado por la incertidumbre en torno a los precios de la energía y las perspectivas económicas europeas en general.